Almaluna: moda cómoda con propósito y amor propio
Almaluna crea moda cómoda y versátil promoviendo amor propio; superó pérdidas, crece con equipo comprometido y planea próxima expansión digital-física.
Conversamos con Constanza Rivas, cofundadora de Almaluna, sobre cómo construyó una marca de moda enfocada en comodidad, versatilidad y estilo. En esta entrevista comparte el origen del proyecto, el rol del equipo, los retos que marcaron su evolución y la nueva dirección creativa que hoy impulsa su crecimiento, con una base sólida de clientes y planes de expansión digital y física.
Cuéntanos brevemente quién eres y cómo empezó tu camino profesional
Soy Constanza Rivas, una persona creativa, emprendedora y apasionada por la moda. Mi camino profesional empezó hace más de 10 años trabajando y aprendiendo dentro de este mundo, entendiendo poco a poco que más allá de crear prendas, lo que realmente me gustaba era generar experiencias y hacer que las personas se sintieran bien con lo que usan. Con el tiempo fui creciendo y eso me llevó a crear Almaluna junto con mi socia Consuelo.
¿Cómo nació tu empresa o proyecto y qué necesidad identificaste en el mercado?
Almaluna nació de la unión de mujeres que compartíamos una misma visión: crear prendas que combinaran comodidad, versatilidad y estilo. Identificamos que muchas personas buscaban sentirse cómodas en su día a día sin tener que sacrificar verse bien, y además queríamos ir más allá de una prenda. Vimos la oportunidad de crear una marca que también transmitiera bienestar, amor propio y confianza en cada momento.
¿Qué hace diferente a tu negocio frente a otras opciones de su sector?
Lo que nos hace diferentes es que buscamos crear algo con identidad propia. Diseñamos nuestros propios estampados y cuidamos cada detalle para ofrecer piezas que sean cómodas, versátiles y con estilo. Además, más allá de vender una prenda, queremos transmitir una experiencia y un mensaje de amor propio y bienestar, haciendo que las personas se sientan seguras y auténticas con lo que usan.
¿Cuál ha sido uno de los principales retos que has enfrentado y qué aprendiste de esa experiencia?
Uno de los retos más grandes que he enfrentado fue la pérdida de mi socia Consuelo. Fue un momento muy duro, no solo a nivel profesional sino también personal. En ese proceso, su hija María Fernanda, quien hoy es mi socia, decidió asumir la dirección de la marca.
A pesar del dolor, logramos apoyarnos y sostener Almaluna en un momento muy difícil. Con el tiempo entendimos que la mejor manera de honrar ese proceso era transformarlo en algo con sentido, y eso nos llevó a reconectar con la esencia de la marca y a darle una nueva dirección creativa, convirtiendo esa experiencia en inspiración para nuevas colecciones.
¿Qué papel ha jugado el equipo en la construcción y crecimiento del proyecto?
El equipo ha sido fundamental. Almaluna no es un proyecto que se construya sola, ha crecido gracias al compromiso de cada persona que forma parte de él, desde la producción hasta las ventas. Cada una aporta desde su lugar, con mucho cuidado en los detalles y amor por lo que hacemos. Eso ha permitido que la marca se mantenga sólida y siga creciendo, incluso en momentos difíciles.
¿En qué momento se encuentra hoy la empresa y hacia dónde quiere avanzar en los próximos años?
Hoy Almaluna se encuentra en una etapa de crecimiento y consolidación. Somos una marca que ya tiene una base sólida de clientes y un equipo pequeño pero muy comprometido, donde cada persona es clave en el proceso de producción, ventas y experiencia de marca.
En promedio, actualmente estamos vendiendo alrededor de 300 pijamas al mes, lo que refleja un crecimiento constante y orgánico.
Queremos seguir fortaleciendo la marca, ampliar nuestras colecciones y crecer en capacidad de producción, además de expandir nuestra presencia digital y física, siempre manteniendo nuestra esencia de calidad, cercanía y propósito.
Para quienes quieren ponerse un negocio y construir un camino similar, ¿qué consejo les darías?
Les diría que empiecen, aunque no todo esté perfecto. Muchas veces uno espera tener todas las condiciones ideales y eso solo retrasa el inicio. También que sean constantes, porque emprender no es rápido ni fácil, pero sí muy gratificante cuando se hace con propósito.
Y algo muy importante: rodéense de personas que sumen, que crean en el proyecto y que ayuden a sostenerlo en los momentos difíciles. Al final, un negocio no solo se construye con ideas, sino con paciencia, trabajo diario y mucha resiliencia.



