Conversamos con Johanna Sandoval, chef y parte del equipo fundador de Chicken Box, sobre el origen de este emprendimiento familiar, que nació durante la pandemia como alternativa ante la suspensión de los eventos de catering. En esta entrevista explica cómo el negocio pasó del delivery desde casa a una propuesta especializada en pollo, su evolución reciente y la próxima apertura de una sucursal en Cumbayá.
Cuéntanos brevemente quién eres y cómo empezó tu camino profesional
Soy Johanna Sandoval, chef de profesión y una fiel amante de la cocina.
Mi camino profesional comenzó mientras cursaba la universidad, cuando empecé a involucrarme en el mundo del catering para eventos sociales y corporativos. Esta experiencia me permitió descubrir no solo mi pasión por la cocina, sino también todo lo que hay detrás de la gestión y creación de experiencias gastronómicas. A lo largo de mi carrera he tenido la oportunidad de trabajar en hoteles, restaurantes y empresas de alimentos y bebidas en Quito. También he vivido experiencias fuera del país, trabajando como chef personal temporal en Estados Unidos e Israel, lo que me permitió conocer nuevas culturas, técnicas y formas de entender la gastronomía.
Además, vengo de una familia de emprendedores, por lo que desde muy pequeña he estado rodeada de esa mentalidad de crear, trabajar y buscar nuevas oportunidades. Todo este recorrido me llevó a combinar mi pasión por la gastronomía con el emprendimiento y a construir mis propios proyectos dentro de esta industria.
¿Cómo surgió la idea del negocio o proyecto y cómo fueron los primeros pasos?
Chicken Box nació en un momento en el que todos tuvimos que reinventarnos. Durante la pandemia, los eventos se cancelaron y nuestro negocio de catering se vio directamente afectado. Fue entonces cuando, junto a mis papás y mi hermana, empezamos a pensar en una nueva forma de seguir haciendo lo que nos apasionaba: cocinar y crear momentos alrededor de la comida. Te hablo en plural porque Chicken Box es, desde el inicio, un emprendimiento familiar. Nació de una idea muy sencilla, pero que para nosotros tenía mucho significado: crear un producto que te hiciera sentir en casa, incluso cuando estabas lejos de ella.
Pensamos en el pollo horneado como ese plato que reúne a la familia alrededor de la mesa, pero quisimos darle nuestro propio concepto con salsas gourmet y guarniciones diferentes a las que normalmente encontrábamos en el mercado, y empezamos a verlo no solamente como una opción de comida, sino como una manera de conectar con alguien enviarle un detalle a un familiar, celebrar una ocasión especial o simplemente compartir un buen momento
Así empezamos, haciendo delivery desde casa y aprendiendo sobre la marcha. Poco a poco, la idea fue creciendo, el concepto fue tomando forma y nos dimos cuenta de que Chicken Box podía convertirse en algo mucho más grande. Hoy somos un restaurante especializado en pollo en sus diferentes formas y buscamos que nuestra propuesta acompañe distintos momentos del día. Empezamos la mañana con nuestro festival de desayunos, un momento de almuerzos que tienen al pollo como protagonista; desde nuestro pollo horneado hasta opciones de inspiración italiana, ensaladas y wraps, y terminamos el día con unas buenas alitas para compartir con amigos o con un pollo horneado para disfrutar en familia.
Lo que empezó como una forma de reinventarnos se convirtió en un proyecto familiar que ha crecido con nosotros. Chicken Box lleva mucho de nuestra historia, de nuestra forma de ver la comida y, sobre todo, del cariño que tenemos por compartirla.
¿Qué es lo que más valoran los clientes de sus productos o servicios?
Nuestros clientes valoran principalmente el sabor y la calidad de nuestros productos, además de la variedad y las porciones. También destacan mucho la atención y la experiencia, y algo que nos encanta es que muchos regresan, nos recomiendan y ya tienen sus platos favoritos.
¿Qué está cambiando en su industria que la mayoría todavía no está viendo y cómo se están preparando ustedes?
Creo que la industria está cambiando hacia consumidores que buscan mucho más que simplemente comer. Hoy valoran experiencias, propuestas diferentes, y productos que puedan adaptar a distintos momentos y estilos de vida.
Nosotros nos estamos preparando escuchando a nuestros clientes, innovando constantemente en el menú y buscando nuevas formas de hacer que Chicken Box siga siendo una marca cercana, actual y diferente.
¿Qué está pasando hoy dentro de tu empresa que todavía no se conoce públicamente?
Algo que todavía no hemos anunciado oficialmente es la apertura de nuestra nueva sucursal de Chicken Box en Cumbayá. Es un proyecto que nos emociona muchísimo porque nació también de algo que nuestros clientes nos venían pidiendo hace tiempo, estar más cerca de ellos.
Ha sido un proyecto que estamos preparando con mucho cariño, cuidando cada detalle del local y pensando en que nuestros clientes puedan disfrutar de Chicken Box en un nuevo espacio, pero manteniendo la esencia y la calidad que nos caracteriza.
¿En qué momento se encuentra hoy la empresa y hacia dónde quieren avanzar en los próximos años?
Hoy Chicken Box está en una fase de crecimiento acelerado, en los últimos tres años hemos tenido una muy buena acogida en el mercado, lo que nos ha permitido ampliar nuestra propuesta, nuestros horarios de atención y nuestro equipo. Este crecimiento nos ha llevado también a mejorar y profesionalizar nuestros procesos, con la apertura de nuestra nueva sucursal en Cumbayá proyectamos aumentar nuestro recurso humano en un 50%, lo que representa un reto importante para nosotros.
Además, ya contamos con una isla de postres en nuestro restaurante actual, como parte de la evolución y complemento de la experiencia.
En los próximos años queremos seguir aprovechando las oportunidades que nos presenta el mercado, creciendo de manera ordenada y sostenible y fortaleciendo Chicken Box sin perder nuestra esencia.
¿Qué consejo práctico le darías a alguien que quiere convertir una idea en un negocio?
Mi consejo sería que se atreva a empezar, pero que lo haga con una idea clara, enfoque y haciendo las cosas correctamente desde el principio; trabajarla con disciplina y constancia. También es importante escuchar al cliente, aprender de los errores y estar dispuesto a adaptarse cuando sea necesario. Emprender no es un camino fácil, pero cuando tienes claro hacia dónde quieres ir y haces las cosas bien, cada desafío se convierte en una oportunidad de crecimiento para ti y para quienes trabajan contigo.



