Conversamos con Francisca Castellanos, fundadora de Crick Superfoods, sobre cómo desarrolló una propuesta basada en proteína de grillo como alternativa nutricional y sostenible. En esta entrevista explica el origen del proyecto, los desafíos de introducir este tipo de alimentos en el mercado ecuatoriano y la visión de impulsar una nueva forma de consumo más consciente, funcional y alineada con el futuro de la alimentación.
Cuéntanos brevemente quién eres y cómo empezó tu camino profesional:
Mi nombre es Francisca Castellanos. Soy licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, con estudios complementarios en Urban Planning Design en Harvard y dos maestrías: una en Gestión de Marketing y Estrategia Comercial (UAB, Barcelona) y otra en Innovación Digital y Diseño de Nuevos Negocios (Politécnico de Milán). Mi trayectoria ha estado profundamente marcada por el emprendimiento. He desarrollado proyectos en distintos sectores y en diferentes países, especialmente en México y Ecuador, siempre con un enfoque claro: crear soluciones que generen impacto real, tanto a nivel social como ambiental.
A lo largo de mi carrera, he construido y liderado iniciativas que combinan innovación, sostenibilidad y negocio, entendiendo el emprendimiento no solo como una oportunidad económica, sino como una herramienta de transformación.
Actualmente soy CEO de Crick Superfoods, una empresa pionera en el desarrollo de productos a base de proteína de grillo en Ecuador, donde buscamos redefinir la forma en la que consumimos proteína, apostando por alternativas más sostenibles y nutritivas. Adicionalmente, lidero otros proyectos empresariales, participo como mentora de emprendedores en programas de innovación y también me involucro como inversionista en iniciativas con alto potencial de crecimiento e impacto.
¿Cómo nació tu empresa o proyecto y qué necesidad identificaste en el mercado?
Crick Superfoods nace de una necesidad personal que luego entendí que era colectiva. En 2018, al regresar a vivir en Ecuador y practicar andinismo, buscaba opciones altas en proteína, pero la mayoría contenía suero de leche, lo que me generaba malestar. A partir de ahí, profundicé en el tema y encontré que más del 70% de los ecuatorianos tiene algún grado de intolerancia a la lactosa (OMS, 2022). Esto evidenciaba una brecha clara en el mercado.
Al mismo tiempo, entendí que el problema no era solo nutricional, sino también ambiental. La producción tradicional de proteína implica un alto consumo de agua, emisiones y degradación del suelo. Fue ahí donde encontré en los insectos —específicamente el grillo— una solución eficiente, sostenible y altamente nutritiva. Así nació Crick: como una alternativa que responde tanto a un problema de salud como a uno estructural del sistema alimentario. Asimismo, yo ya había trabajado con chapulines en México para disminuir la desnutrición infantil en comunidades indígenas en Amealco, por lo cual sabía los beneficios nutricionales que tenían los insectos.
¿Qué hace diferente a tu negocio frente a otras opciones de su sector?
Nuestra propuesta se basa en tres pilares: nutrición, sostenibilidad e innovación, pero va mucho más allá del producto en sí. En términos nutricionales, trabajamos con proteína de grillo 100% molida, una proteína completa, altamente digestible y rica en micronutrientes como hierro, calcio y vitamina B12. A diferencia de muchas alternativas del mercado, nuestros productos no contienen suero de leche ni ingredientes ultraprocesados, lo que los convierte en una opción más limpia y funcional.
Desde la sostenibilidad, nuestro modelo es radicalmente más eficiente que la ganadería tradicional: la producción de grillos requiere hasta 30 veces menos terreno, emite significativamente menos gases de efecto invernadero y consume hasta 2000 veces menos agua. Esto nos permite ofrecer una solución real frente a los desafíos ambientales del sistema alimentario actual.
Sin embargo, lo que realmente nos diferencia es que no solo estamos desarrollando productos, estamos construyendo una nueva categoría de consumo. En Crick no vendemos únicamente snacks, estamos impulsando un cambio cultural hacia proteínas alternativas más conscientes, accesibles y alineadas con el futuro de la alimentación.
Además, operamos como una empresa de triple impacto: no solo buscamos rentabilidad económica, sino también impacto social y ambiental. Por eso, donamos el 5% de nuestra producción al Banco de Alimentos, contribuyendo a mejorar la nutrición de poblaciones en situación de vulnerabilidad.
¿Cuál ha sido uno de los principales retos que has enfrentado y qué aprendiste de esa experiencia?
Uno de los principales retos ha sido la barrera cultural. El consumo de insectos aún genera resistencia, lo que implica que gran parte de nuestro trabajo no es solo comercial, sino educativo. Esto nos ha enseñado que en mercados emergentes de innovación, el producto por sí solo no es suficiente; la comunicación, el lenguaje y la experiencia del consumidor son igual de importantes.
Otro reto importante ha sido el acceso a capital para escalar, especialmente en una industria que aún es percibida como “nueva”. Esto nos ha obligado a ser muy estratégicos, eficientes y creativos en el uso de recursos, priorizando validación de mercado antes que expansión acelerada.
¿Qué papel ha jugado el equipo en la construcción y crecimiento del proyecto?
El equipo ha sido clave. Crick no es solo una idea, es una ejecución constante. Contamos con un equipo multidisciplinario que abarca desde investigación y desarrollo hasta producción, marketing y comercialización, lo que nos permite tener una visión integral del negocio.
Además, hemos construido alianzas estratégicas con centros de investigación, centros deportivos, proveedores y actores clave de la industria, lo que ha fortalecido nuestra capacidad de innovar y adaptarnos. En proyectos como este, el equipo no solo ejecuta, también construye cultura y propósito.
¿En qué momento se encuentra hoy la empresa y hacia dónde quiere avanzar en los próximos años?
Hoy, Crick se encuentra en una etapa de validación consolidada. Hemos logrado posicionarnos tanto en canales B2B como B2C, con presencia en las principales cadenas de retail del país y ventas sostenidas. Más que validar un producto, hemos validado una propuesta de valor en un mercado que recién empieza a abrirse a nuevas formas de alimentación.
Actualmente, contamos con tres categorías dentro de nuestro portafolio: snacks como nuestros nachos (sabores sal marina y ají), suplementos en polvo de proteína de grillo 100% molida, y nuestra línea más reciente de barras proteicas en sabores choco maní y almond mocca. Este último lanzamiento ha sido clave para acercar a nuevos consumidores, facilitando el acceso a este tipo de proteína de forma más familiar y cotidiana.
A futuro, nuestro objetivo es escalar este modelo hacia mercados internacionales, especialmente en regiones donde la conversación sobre proteínas alternativas y sostenibilidad está más avanzada. Buscamos ampliar nuestro portafolio de productos y consolidarnos como un referente en Latinoamérica en el desarrollo de alimentos funcionales a base de proteínas alternativas.
Nuestra visión es clara: contribuir a un sistema alimentario más sostenible, donde la nutrición, el impacto ambiental y el bienestar social estén alineados, y donde cada vez más personas puedan tomar decisiones de consumo informadas y conscientes.
Para quienes quieren ponerse un negocio y construir un camino similar, ¿qué consejo les darías?
Emprender no es solo tener una buena idea, es tener la capacidad de ejecutarla, adaptarla y sostenerla en el tiempo.
Mi principal consejo sería: validen rápido y escuchen al mercado. Muchas veces nos enamoramos de la idea, pero es el consumidor quien realmente define si lo que estamos construyendo tiene valor. Emprender empieza por resolver un problema real; si no hay un problema claro, difícilmente habrá alguien dispuesto a pagar por tu solución.
También es importante entender que emprender implica incomodidad constante. No hay un momento en el que todo esté resuelto, y está bien. Parte del proceso es aprender a tomar decisiones con información incompleta y aún así avanzar.
Otro punto clave es la disciplina financiera. Tu negocio tiene que ser sostenible, y eso incluye poder pagarte a ti mismo. Muchas veces se romantiza el sacrificio, pero construir una empresa también implica entender números, márgenes y flujo de caja desde el inicio. Y finalmente, construyan algo con propósito. Porque cuando el camino se vuelve difícil —y lo será—, es ese propósito el que te sostiene. Si además logran generar impacto positivo y contribuir a resolver un problema social o ambiental, estarán construyendo algo que trasciende más allá del negocio.



