Esta semana le escuchaba a René Lankenau y Karla Berman en Whitepaper 10 y contaban en qué están gastando los nuevos millonarios que se desprenden de las empresas tecnológicas en Silicon Valley. Claro, si uno se pone a pensar en esas startups, al inicio son empresas pequeñas con una clara intención de cambiar al mundo y para retener al personal suelen compensarles, además de su salario, con acciones. Años después, esas acciones se valorizan y llegan eventos de liquidez por venta de acciones, venta de la empresa o eventualmente un IPO (OPI – Oferta Pública Inicial) y de repente, además de los fundadores, aparece un sinnúmero de nuevos millonarios.
Les soy sincero, nunca me había puesto a pensar en eso y sobre todo a entender cómo cambia su vida después. Karla y René mencionaron un artículo del Wall Street Journal titulado “More Money Than They Ever Imagined and No Clue How to Spend It” y es muy curioso ver cómo están gastando su dinero estos nuevos millonarios. Uno se imaginaría yates, aviones, viajes, autos de lujo o relojes, pero lo que dice el artículo es que, además de inversiones en bienes raíces, están gastando en máquinas de espresso, saunas y baños de agua fría. ¿Por qué? Simplemente tienen tanto trabajo que no tienen tiempo para disfrutar esa riqueza y más bien se enfocan en gastos relacionados con relajación. Y es irónico porque quienes están generando riqueza gracias a la tecnología, están buscando espacios para escapar de ella.
Bloomberg explica que los nuevos millonarios están sufriendo del Sudden Wealth Syndrome, que se refiere a un proceso de adaptación que ocurre cuando en poco tiempo una persona pasa a tener más dinero del que necesitará durante toda su vida. Puntualmente se refiere a los fundadores de estas startups tecnológicas, que cuando llegan a esa riqueza inimaginable les produce insatisfacción, pérdida de propósito, cambios en las relaciones e incluso la necesidad de empezar inmediatamente otra empresa para demostrar que el primer éxito no fue casualidad.
Y con todo esto es cuando uno se pone a pensar. Tengas dinero o no, tengas éxito o no, todos enfrentamos nuestros propios demonios y cada uno pelea una guerra que tal vez nadie está enterado. A diferentes escalas, porque aquí en Ecuador no tenemos esos casos de multimillonarios como los de Silicon Valley, hay que darse cuenta que eliminar las preocupaciones económicas no elimina automáticamente las demás.



