Cuando la emoción le gana a la objetividad
El fútbol despierta emociones, pero también evidencia una deuda más profunda: nuestra dificultad para opinar, juzgar y decidir con objetividad.
Para mí y seguramente para la mayoría de ustedes, el martes de noche y el miércoles fueron momentos donde aparecieron un mix de emociones. En mi caso, una mezcla entre molestia y tristeza. Pero dejando a un lado el análisis futbolístico de nuestra selección contra México, ya que para eso ustedes seguramente tendrán sus propias conclusiones, hay muchas cosas que he pensado de los aprendizajes que nos deja este mundial y quisiera compartirlas con ustedes.
He visto a miles de personas, entre familiares y amigos, conocidos, periodistas y hasta desconocidos que opinan en redes y sinceramente me llama la atención la falta de objetividad. Y esto no es algo que lo piense por los resultados del partido, pero tengo varios ejemplos puntuales de este mundial que me ayudarán a ejemplificar mi sentir.
En primer lugar, lo que hicieron varios mexicanos con periodistas e hinchas ecuatorianos no está bien y debería haber sanciones. Pero generalizar a que son todos los mexicanos los que nos trataron mal, es una locura porque no es cierto. Y lo que me molesta es ver gente que critica a México como anfitrión por no respetar el himno de Ecuador y pifiar mientras suena, pero eso pasa exactamente igual acá. No está bien en México, pero tampoco está bien acá. Vi cómo a periodistas ecuatorianos les lanzaron cervezas y hasta vasos y tampoco está bien. Pero decir que en Ecuador no pasen estas cosas está mal también. Todo esto pasa en Ecuador, Argentina, México, Brasil, etc. No está bien que pase en ninguna parte y ese es el punto. Que debería haber sanciones para México, sí. Pero no deberíamos caer en que acá no pasan esas cosas porque también pasan.
En segundo lugar, también tenemos que darnos cuenta el efecto de las redes sociales y lo mal que nos hacen, sobre todo en personas sin pensamiento crítico. Las redes, por naturaleza y también por la naturaleza humana, viralizan todo tipo de contenido conflictivo, de problemas y hasta fake. En el caso de este partido, lo que nos llegó fue que una periodista, que a todas luces deberían despedir por promover conductas antideportivas al insinuar que los hinchas de México vayan al hotel de la selección de Ecuador para no dejarles dormir, nos llegaron audios e imágenes falsas sobre supuestas amenazas, nos llegaron peleas entre hinchas ecuatorianos y mexicanos, etc. Pero lastimosamente, en redes solemos ver solo aquello que alguien comparte y logra viralizarse, no las muchas situaciones positivas que también ocurrieron entre hinchas. Para este mundial, nosotros logramos que una persona vaya a todos los partidos de la selección para poder hacer contenidos en un nuevo formato que le llamamos OnData Report. Él paseó con la camiseta de Ecuador por todas partes, tanto en EEUU como en México. Salió a correr, turistear y obviamente ir a los partidos y me cuenta que nunca tuvo problemas. De hecho, el miércoles que regresó, nos contó que estuvo encantado con México.
Con esto no quiero que se piense que estoy justificando o minimizando lo que pasó con muchos malos hinchas de México, pero sí quiero puntualizar en que no se puede generalizar.
Finalmente, algo que también me llama la atención, es ver a las personas compartir mensajes de periodistas o creadores cuando se alinean con lo que piensan (política, deportes, opiniones, etc.) pero cuando el mensaje no se alinea a su sentir, lo critican de vendido, narco, mafioso y demás calificativos cuando lo único que están haciendo es ser objetivos en sus análisis. Si criticas a Daniel Noboa, no te hace ser correista. Si criticas a Rafael Correa, no te hace noboista. Y en el fútbol, cuando Ecuador le ganó a Alemania, no le hace el mejor equipo de la historia del Ecuador, así como cuando perdimos con México, tampoco le hace el peor.
Objetividad. Eso es lo que nos hace mucha falta. Con las emociones, es difícil ser objetivos pero justamente ahí es cuando uno tiene que sentarse, pensar, informarse y emitir un juicio de valor. Esto no se trata de fútbol. Aplica para todo.



