Conversamos con Amanda y Elsa, hermanas y fundadoras de Cucko Box, un proyecto de juguetería artesanal, sobre cómo transformaron historias de su infancia en una propuesta creativa que combina imaginación, diseño y narrativa. En esta entrevista comparten el origen de su marca, el valor de crear productos únicos hechos a mano, los retos de emprender en un modelo artesanal y su visión de seguir creciendo sin perder la esencia de contar historias que conecten con niños y adultos.
Cuéntanos brevemente quiénes son y cómo empezó su camino:
Somos Amanda y Elsa, dos hermanas: una diseñadora gráfica y otra diseñadora industrial. Vivimos rodeadas de aventuras en las montañas de Otavalo, donde pasamos parte de nuestra infancia. Decidimos contar la verdadera historia de un monstruo al que llamamos Cucko.
Las abuelas y tías contaban historias tenebrosas sobre él, pero nosotras quisimos crear una versión mágica y amigable para que los niños no le teman a la oscuridad.
¿Cómo nació tu empresa o proyecto y qué necesidad identificaste en el mercado?
Nació de un sueño: hacer una juguetería que cuente historias de mundos mágicos y reales de nuestra imaginación. Queríamos que la gente vuelva a ser niñ@ y que pueda encontrar aquí lo que no hay en ninguna otra parte.
¿Qué hace diferente a tu negocio frente a otras opciones de su sector?
Que todo es original y cuenta una historia; cada producto es hecho 100% a mano y único.
¿Cuál ha sido uno de los principales retos que has enfrentado y qué aprendiste de esa experiencia?
Aún seguimos aprendiendo; creo que los retos son diarios. Pero estos desafíos nos han permitido fortalecer lo que hacemos y nuestra perseverancia.
¿Qué papel ha jugado el equipo en la construcción y crecimiento del proyecto?
Un papel importante, porque diariamente nos apoyamos y juntas buscamos soluciones o creamos nuevos retos. No paramos de crear, y mientras más difícil se pone el camino, más nos divertimos.
¿En qué momento se encuentra hoy la empresa y hacia dónde quiere avanzar en los próximos años?
Estamos en una fase intermedia. Aún es difícil mantener el negocio porque todo es hecho a mano. Hemos crecido un 50% frente al año anterior, por lo que las expectativas de este año son crecer un 100% más, y eso nos motiva.
Tenemos unos 132 clientes fijos y, normalmente, cada fin de semana se suman 4 nuevas familias a este proyecto. En dos años queremos mudarnos a un lugar donde podamos brindar una mejor experiencia, porque no solo queremos vender, sino transformar la forma en que las personas conocen este negocio.
Para quienes quieren ponerse un negocio y construir un camino similar, ¿qué consejo les darías?
Que sean valientes desde el primer día y que, por más duro que se vea, ese es el camino. Porque mientras más ames tu proyecto, el proyecto te amará a ti, y sabrás que todo valió la pena.
Sé que es duro emprender, y aún lo sigue siendo después de cumplir 10 años, pero los sueños se trabajan hasta el final.



