Esta semana leí un artículo de The New York Times sobre el monitoreo con inteligencia artificial a bebés. Yo no tengo hijos, pero hasta donde tengo conocimiento el monitoreo se enfocaba solamente en si el bebé llora. Hoy, con el boom de la IA, se están transformando los monitores tradicionales por sistemas permanentes de seguimiento y análisis, capaces de registrar la duración y eficiencia del sueño, respiración, movimientos y, eventualmente, desarrollo físico y del lenguaje.
Como todos los artículos del NYT, son bien analizados y te brindan un panorama completo de las empresas que están ofreciendo todo esto. Entre las empresas que mencionan está Nanit, especializada en el monitoreo con cámaras, visión computacional y aprendizaje automático, que reporta más de $100 millones de ingresos anuales y afirma tener 1 millón de usuarios diarios. También están Owlet, para medir frecuencia cardiaca y oxígeno, Huckleberry que analiza alimentación, pañales y sueño y ofrece predicciones de siestas y asistencia mediante IA, y CuboAi que incorpora alertas cuando el rostro del bebé está cubierto con funciones basadas en IA.
Cuando escuchas la oferta de estas empresas y sobre todo, cómo puedes cuidar a tus bebés, entender cómo está respirando, poder anticiparte a sus horas de sueño y las que se despierta en base a algoritmos capaces de medir patrones repetitivos y anticiparse, suena maravilloso. Podrías entender mucho más de tu bebé y hasta tomar medidas para maximizar su sueño y disminuir esos horarios que se despierta a las madrugadas.
Sin embargo, antes de decidirse por este tipo de servicios, hay que tener claro algunos puntos que como sociedad cada vez los estamos perdiendo. Por el un lado, la privacidad de la información y por el otro la comodidad a la que cada vez nos acostumbramos más.
En el caso de la privacidad, no hay claridad de qué van a hacer las empresas que ofrecen estos servicios con toda esta información. Tampoco qué conversaciones registrarán en sus monitores.
Y en el caso de la comodidad, los padres pueden empezar a delegar decisiones cotidianas a algoritmos en lugar de observar directamente a sus hijos.
Supongo que todo esto es lo mismo que nos pasa en el día usando IA o hasta redes sociales, pero claro, nosotros escogemos lo que estamos haciendo. El bebé no.



