El perfil que la IA construyó sobre ti sin que te dieras cuenta
Un ejercicio revela que chatbots como ChatGPT o Gemini infieren rasgos psicológicos y decisiones personales sin datos explícitos, abriendo la puerta a una publicidad hipersegmentada.
Ayer leí un artículo de The New York Times que me dejó pensando mucho más de lo que esperaba. El periodista Brian X. Chen hizo un ejercicio aparentemente sencillo: preguntarle a ChatGPT y a Gemini qué habían deducido sobre él sin que jamás se los hubiera dicho de forma explícita.
Los chatbots acertaron aspectos sobre su nivel de ingresos, edad, personalidad, hábitos de consumo e incluso algunos problemas de salud, simplemente conectando miles de pequeños datos dispersos en conversaciones anteriores. Ninguna respuesta provenía de una confesión directa sino de inferencias.
A partir de eso decidí hacer el mismo ejercicio en ChatGPT utilizando los siguientes cuatro prompts, traducidos al español del artículo del NYT. Les recomiendo que ustedes también los prueben en su chatbot de preferencia:
Dime todo lo que has deducido sobre mí que nunca te dije explícitamente. Explícame qué señales utilizaste para llegar a cada conclusión.
Predice cómo actuaría frente al dinero, el estrés, los conflictos, el riesgo y cuál crees que será una de mis próximas decisiones importantes. Indica también qué nivel de confianza tienes en cada predicción.
Con base en todo lo que sabes de mí, dime cuáles son mis puntos ciegos, mis inseguridades y los rasgos de personalidad que probablemente yo no veo en mí mismo.
¿Qué información sensible o potencialmente vergonzosa has inferido sobre mí que probablemente preferiría mantener privada?
Más allá de si acierta o no, de acuerdo con lo que cada uno percibe de sí mismo, el ejercicio permite entender hasta qué punto estos modelos son y serán capaces de construir un perfil de nosotros.
Y aquí es donde creo que viene la verdadera conversación.
Durante años, la publicidad digital ha segmentado personas utilizando edad, ubicación, búsquedas, compras o intereses. Meta sabe qué páginas seguimos. Google sabe qué buscamos. Amazon conoce lo que compramos.
Pero un chatbot puede llegar a algo diferente.
Puede inferir si postergamos decisiones importantes, si nos arrepentimos de las compras o no, si cambiamos de opinión con facilidad, si somos conservadores al invertir, si necesitamos mucha evidencia antes de decidir o si compramos impulsivamente cuando estamos bajo presión. Son variables que ninguna encuesta tradicional puede capturar con tanta profundidad.
El propio artículo cita a investigadores que consideran inevitable que este tipo de perfilamiento termine utilizándose para publicidad hipersegmentada. No porque alguien le haya contado sus secretos a la IA, sino porque la IA aprendió a descubrirlos.
Imaginemos una campaña que no solo se dirija a hombres de 40 años en Quito con ingresos altos, sino específicamente a personas perfeccionistas, ansiosas por controlar el riesgo, que investigan durante semanas antes de comprar y responden mejor a mensajes racionales que emocionales. Eso ya no es segmentación demográfica. Es segmentación psicológica.
Si hoy una conversación aparentemente inocente permite perfilar a las personas de una forma jamás antes vista, la pregunta deja de ser qué sabe la IA sobre nosotros, sino quién utilizará ese conocimiento primero.



