Menos ministerios, ¿mejor Estado?
Ecuador fusiona ministerios para optimizar recursos y mejorar la coordinación, pero su éxito dependerá de reducir burocracia, cuidar la transición laboral y convertir el ajuste en verdadera eficiencia
Ecuador vuelve a enfrentar una discusión incómoda, pero necesaria. Ayer, el Gobierno anunció que la estructura del Ejecutivo pasará de 14 a 10 ministerios mediante la fusión de varias carteras. La decisión busca optimizar recursos públicos, eliminar trabas burocráticas y mejorar los servicios para la ciudadanía.
El cambio no es menor. Los ministerios de Economía y Finanzas, Agricultura, Ganadería y Pesca, y Producción se integrarán en el nuevo Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, liderado por Sariha Moya. La lógica detrás de esta fusión es concentrar en una sola cartera las decisiones vinculadas con empresarios, comerciantes, agricultores y productores.
También se unirán los ministerios de Infraestructura y Transporte, y Telecomunicaciones y Sociedad de la Información, para formar el Ministerio de Infraestructura y Tecnología, encabezado por Roberto Luque. La idea es planificar de manera conjunta carreteras, puertos, conectividad, fibra óptica, digitalización y tecnología.
Finalmente, los ministerios de Trabajo, Desarrollo Humano y la Secretaría de Gestión y Desarrollo de Pueblos y Nacionalidades pasarán a formar parte del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano, dirigido por Cynthia Gellibert. El objetivo planteado es conectar inclusión social con inserción laboral y autonomía económica.
En el papel, la lógica tiene sentido. Un país con restricciones fiscales no puede seguir sosteniendo estructuras duplicadas, procesos lentos y ministerios que muchas veces se cruzan entre sí. Para empresarios, productores, inversionistas y ciudadanos, un Estado más coordinado puede significar menos trámites, decisiones más rápidas y políticas públicas mejor alineadas.
El reto está en reducir la burocracia. Si las fusiones solo cambian nombres, logos y autoridades, el impacto será limitado. La eficiencia real vendrá si se revisan procesos, competencias, sistemas, permisos y resultados.
También hay un costo humano que se debe analizar. Una reforma de este tipo implica pérdida de empleo público y por esa razón debería venir acompañada de una estrategia para fomentar empleo privado y transición laboral.
Aun así, me parece positivo que el Presidente asuma el costo político de decisiones difíciles, como ocurrió con el IVA o los subsidios. Gobernar no es solo administrar popularidad. Es tomar decisiones que pueden incomodar hoy, pero ordenar el país mañana.
La pregunta no es si Ecuador tendrá menos ministerios. La pregunta es si tendrá un mejor Estado.



