Conversamos con Sofía, Penka y Fernanda, fundadoras de MIMI Bar Fluido, sobre la creación de un espacio que combina coctelería, gastronomía y cultura con enfoque inclusivo. Comparten cómo identificaron la falta de propuestas seguras para el colectivo LGBTIQ+, los retos de emprender en este sector y su apuesta por construir una experiencia que prioriza comunidad, identidad y servicio.
Cuéntanos brevemente quién eres y cómo empezó tu camino profesional:
Somos Sofía, Penka y Fernanda apasionadas por la coctelería, la gastronomía y por la promoción cultural; cada una con carreras distintas, pero afines y complementarias como la administración hotelera, fotografía, la gestión cultural y la comunicación social.
¿Cómo nació tu empresa o proyecto y qué necesidad identificaste en el mercado?
MIMI Bar Fluido nació como idea hace cuatro años, aproximadamente. Con mis socios veníamos identificando y sintiendo la necesidad de crear un espacio inclusivo que cumpliera con estándares de calidad y servicio gastronómico y de coctelería, enfocado en la atención del colectivo LGBTIQ+. En la ciudad hacía falta un espacio relajado con un buen menú, tragos, cócteles, mócteles y, sobre todo, con una oferta que se enfocara en transformar un servicio en una experiencia nueva, divertida e inclusiva; así que empezamos buscando las formas más adecuadas de llevarlo a cabo y conseguir el financiamiento, lo que tomó algún tiempo; hasta que iniciamos la construcción del proyecto en septiembre de 2024, para verlo materializado e inaugurarlo en julio de 2025.
¿Qué hace diferente a tu negocio frente a otras opciones de su sector?
Creo que la diferencia de MIMI Bar Fluido es que nació, también, de un sentir, lo hemos construido (y seguimos construyéndolo) desde el corazón, por eso lleva el nombre de Mimi, como llamamos a nuestras abuelas.
Siempre tuvimos el sueño de tener un bar restaurante donde nuestros clientes se sintieran como en casa de la abuela: bien recibidos y atendidos, mimados, donde pudieran ser ellos mismos con toda libertad, inclusión y respeto; donde la experiencia se sienta familiar.
Nos diferenciamos porque no buscamos ser un lugar más dentro de la oferta nocturna, sino un espacio seguro, diverso y estéticamente cuidado, donde conviven la cultura pop, queer, la nostalgia y la contemporaneidad. La experiencia está pensada de forma integral: coctelería creativa (como nuestros tiny cocktails), una propuesta gastronómica para compartir y una programación que mezcla entretenimiento, arte y expresión con el objetivo de construir comunidad.
¿Cuál ha sido uno de los principales retos que has enfrentado y qué aprendiste de esa experiencia?
En el caso de materializar un proyecto enfocado en el colectivo LGBTIQ+ vas a experimentar la discriminación, lo que te enfrenta a desafíos que pueden ser de gran aprendizaje como de frustración; esto nos llevó a cuestionarnos profundamente cómo generar experiencias seguras sin perder la esencia del disfrute. Aprendimos que liderar un proyecto en este sector implica tomar decisiones más conscientes, anticiparse a riesgos y abrir conversaciones incómodas, pero necesarias. Claro que todo esto tiene su recompensa porque cuando recibes a los clientes y ves lo felices que son, que estás construyendo comunidad y que formas parte de ello, te das cuenta de que, una y mil veces, vale la pena.
¿Qué papel ha jugado el equipo en la construcción y crecimiento del proyecto?
El equipo lo es todo. MIMI no existiría sin las personas que lo habitan y lo construyen todos los días.
Desde la barra hasta la cocina y el servicio, cada integrante aporta personalidad, criterio y sensibilidad. Hemos apostado por construir un equipo alineado no solo en habilidades, sino en valores: respeto, inclusión, atención al detalle y pasión por la experiencia.
¿En qué momento se encuentra hoy la empresa y hacia dónde quiere avanzar en los próximos años?
Actualmente, MIMI se encuentra en una etapa de consolidación de marca y afinamiento de su propuesta. Hemos logrado posicionarnos como un espacio relevante dentro de la escena, con una identidad clara y una comunidad en crecimiento.
Operamos con una capacidad activa semanal, recibiendo aproximadamente 400 clientes por semana, y trabajando en optimizar tanto la experiencia como la rentabilidad.
Ahora mismo estamos buscando expandir la marca más allá del espacio físico: desarrollar experiencias, eventos y colaboraciones, estamos produciendo nuestro primer festival llamado Paradiso que será el 27 de junio. Incluso explorar nuevas ubicaciones en el país.
Para quienes quieren ponerse un negocio y construir un camino similar, ¿qué consejo les darías?
Que todo proyecto tiene su proceso y sus tiempos únicos, por lo que hay que trabajar con disciplina, coherencia, perseverancia y paciencia.
Que empiecen desde un lugar auténtico. Hoy más que nunca, los proyectos que conectan son los que tienen una identidad clara y una intención real.
También es importante entender que emprender no es solo tener una buena idea: implica disciplina, gestión, aprender constantemente y adaptarse rápido.
Y algo clave: rodearse bien. Un buen equipo, buenos aliados y una red de apoyo hacen la diferencia.



