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En este episodio de OnData Talks, conversamos con Claudia Tobar, experta en educación, innovación y desarrollo de nuevas capacidades y fundadora de Thinking as a Service, sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación y el mercado laboral. A lo largo de la conversación, analizamos por qué acceder a más información no significa aprender mejor y qué capacidades humanas serán decisivas en un entorno cada vez más automatizado.
Educar para pensar, no solo para memorizar
Partimos de una crítica al modelo educativo heredado de la Revolución Industrial, basado en la transmisión unilateral de información y la memorización. Claudia explica que, aunque el conocimiento esté disponible en internet o mediante la IA, aprender exige procesar, filtrar y estructurar esa información. Por eso, plantea que el docente debe dejar de ser la única fuente del saber y convertirse en un facilitador que despierte la curiosidad mediante preguntas, historias y experiencias.
La atención como desafío educativo
También conversamos sobre cómo las redes sociales y la inmediatez tecnológica afectan la capacidad de concentración. Desde la neuroeducación, Claudia sostiene que muchas dificultades para recordar comienzan, en realidad, con una atención fragmentada. A esto se suma la pérdida del aburrimiento, necesario para la creatividad, y una creciente dificultad de los jóvenes para desenvolverse en relaciones presenciales, pese a contar con un vocabulario emocional más amplio.
Profesiones que cambian y habilidades que permanecen
Frente a la transformación de áreas como medicina, derecho y programación, reflexionamos sobre una educación que acompañe a las personas durante toda la vida. Las habilidades técnicas pueden volverse obsoletas o ser automatizadas, mientras el pensamiento crítico, la ética, la empatía, la resiliencia y la adaptabilidad ganan relevancia. En este escenario, la alfabetización en IA también resulta indispensable para comprender sus posibilidades, proteger los datos personales y utilizar la tecnología con criterio.
Hacia el cierre, queda una idea central: la IA puede agilizar tareas y revelar patrones, pero no debería reemplazar el esfuerzo de pensar. Claudia plantea la necesidad de formar personas capaces de cuestionar, aprender continuamente y conservar su autonomía intelectual frente a la tecnología. El reto no consiste únicamente en incorporar nuevas herramientas, sino en decidir qué procesos vale la pena delegar y cuáles debemos seguir ejercitando como seres humanos.


