Quito y la oportunidad de convertir eventos en industria
Quito tiene la oportunidad de convertir el auge de eventos en una industria sostenible, siempre que haya planificación, infraestructura y articulación público-privada, no oportunismo electoral.
Para esta columna, la verdad es que quería alejarme del Mundial. No porque haya dejado de verlo, ni mucho menos porque haya dejado de emocionarme. Soy hincha apasionado de Argentina desde niño y eso se hizo aún más fuerte después de vivir varios años en Buenos Aires. Mi distancia hoy, no sé qué pase por mi mente la próxima semana al hacer esta columna, viene más bien por otro lado. Se ha hablado tanto, han pasado tantos escándalos y todavía no me recupero de la tristeza y molestia de ver lo mal que jugó nuestra selección. De hecho, sigo viendo marcas tratando de subirse a mensajes emocionales sobre Ecuador, su participación y el “orgullo” de haber competido. Y, siendo honesto, esos mensajes no me emocionan; me reviven la molestia. Por eso preferí mirar hacia otro lado y me encontré con un tema que de verdad me sorprendió: el turismo en Quito.
Leí un artículo de Expreso sobre el boom turístico impulsado por eventos y feriados en Quito y me llamó la atención precisamente porque, como ciudad, no solemos darles suficiente visibilidad a estas cosas. Tal vez deberíamos. Según datos de Quito Turismo citados por ese medio, durante los primeros cinco meses de 2026, feriados, conciertos internacionales y eventos deportivos generaron más de $72 millones en movimiento económico para la capital. Además, solo en los feriados de Carnaval, Semana Santa, Día del Trabajo y Batalla de Pichincha, Quito recibió 438.956 visitantes no residentes, con un impacto superior a $50,9 millones.
El punto no es menor. Un concierto no es solo un concierto. Es hotelería, gastronomía, transporte, comercio, seguridad, producción, logística y empleo temporal. El artículo menciona, por ejemplo, que el concierto de Ed Sheeran convocó a 28.500 personas y dejó más de $15 millones en impacto económico.
Ahí hay una oportunidad. Quito no debería ver los eventos como agenda cultural aislada, sino como estrategia económica. Las ciudades hoy compiten por atraer personas, experiencias, consumo e inversión. Pero para eso se necesita planificación, infraestructura, promoción, seguridad y articulación público-privada.
Quito ya descubrió que los eventos mueven la economía. Pero sería un error atribuir esta dinámica al alcalde actual o convertirla en argumento de campaña para una eventual reelección. Mucho de este movimiento responde al empuje privado, a productores, empresarios, hoteles, restaurantes, operadores turísticos y a una ciudad que tiene más potencial del que a veces reconocemos. Ahora que entramos a una nueva carrera electoral, la pregunta no es quién se cuelga la medalla, sino quién será capaz de convertir esta buena racha en una industria permanente.



