Sin criterio, cualquier mentira encuentra camino
Montenegro, Luzu y los niños adoctrinados muestran lo mismo: la desinformación no necesita solo mentiras, necesita gente sin criterio para amplificarlas.
Hay tres episodios que ocurrieron esta semana, distintos entre sí, pero que de alguna forma terminaron hablando del mismo problema:
El caso de Javier Montenegro atacando a sus amigos y exempleadores por “El Gran Padrino”, investigación de la que también fue parte, expone una doble moral difícil de ignorar: durante años validó ese estilo de periodismo y ahora lo cuestiona cuando ya no le conviene. Incluso acusó a Andersson Boscán de haberlo amenazado, pero Boscán difundió el audio de la conversación y debilitó esa versión, dejando a Montenegro con más problemas de credibilidad que pruebas para sostener su denuncia.
La falsa noticia sobre la muerte del papá de Lionel Messi difundida por Florencia Peña en Luzu TV demuestra una falla grave de producción: en una transmisión en vivo, quien está frente a cámara depende de su equipo, y ese equipo no puede entregar una información tan sensible sin haberla verificado antes.
El video de niños de una escuela en Ecuador haciendo un juramento con contenido político a favor de Daniel Noboa y del fundador de Blackwater, Erik Prince, revela una falla aún más profunda: directivos y profesores, que deberían formar criterio en las aulas, cayeron en una campaña de phishing enviada por correo y ejecutaron una instrucción falsa sin verificar su origen.
Todos tienen en común que muestran lo frágil que se ha vuelto nuestra capacidad para verificar, analizar y resistir la manipulación.
Durante años hemos hablado de fake news, trolls, campañas coordinadas, bots y operaciones digitales. Todo eso existe y tiene impacto. Pero, en realidad, el problema más grave no está en quienes fabrican la desinformación, sino en quienes la reciben, la amplifican o la ejecutan sin hacerse una pregunta mínima antes: ¿esto tiene sentido?, ¿de dónde viene?, ¿quién lo sostiene?, ¿qué prueba existe?, ¿qué interés puede haber detrás?
La desinformación no funciona sola. Necesita velocidad, emoción, descuido y falta de criterio. Necesita personas dispuestas a creer antes de pensar. Necesita medios que prefieren reaccionar antes que confirmar. Necesita instituciones que obedecen instrucciones sin verificar su origen. Necesita comunicadores que confunden impacto con verdad. Y necesita una sociedad cada vez menos entrenada para distinguir entre una denuncia seria, una operación, un error y una manipulación.
Si no mejoramos nuestra capacidad crítica para contextualizar, entender y analizar antes de dar algo por hecho o compartirlo, no vamos a salir nunca del problema de la desinformación. Los casos de esta semana no solo muestran errores puntuales; muestran falta de criterio. Y una sociedad que pierde criterio queda disponible para cualquier manipulación. Lo más preocupante es que, cuando periodistas, medios de comunicación, directivos y profesores tampoco tienen pensamiento crítico, quienes deberían ayudar a formar o informar a la ciudadanía terminan siendo parte del problema.



